El Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 fue otorgado este lunes a Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel por descubrimientos que hicieron posible la optogenética, una herramienta capaz de activar o silenciar células nerviosas mediante pulsos de luz. El reconocimiento destaca una técnica que cambió la forma de estudiar el cerebro y que abre caminos para comprender enfermedades neurológicas y psiquiátricas.
Qué es la optogenética
La optogenética combina genética, biología celular y luz. Su funcionamiento se apoya en proteínas sensibles a la iluminación, llamadas canalrodopsinas, que actúan como compuertas en la membrana de una célula. Cuando reciben luz de un color específico, permiten el paso de partículas cargadas y modifican la actividad eléctrica de la célula.
La historia comenzó con el estudio de Chlamydomonas, un alga verde unicelular que responde muy rápido a la luz. Hegemann planteó que esa reacción podía depender de un único canal sensible a la iluminación. Junto con Nagel identificó y caracterizó las canalrodopsinas; en 2003 demostraron que una de ellas podía generar señales eléctricas directamente al recibir luz.
Tres aportes que construyeron una nueva herramienta
El paso decisivo hacia la neurociencia llegó con Deisseroth. En 2005, su equipo introdujo canalrodopsina-2 en neuronas de rata cultivadas y comprobó que una luz azul provocaba señales nerviosas casi de inmediato. Dos años más tarde, el laboratorio logró activar grupos específicos de neuronas en ratones vivos mediante una fibra óptica.
El avance permitió intervenir circuitos con una precisión que antes no existía: en vez de estimular una zona amplia del cerebro, los investigadores pueden seleccionar determinados tipos de células y observar qué ocurre cuando se encienden o se apagan. Este enfoque también ayuda a interpretar iniciativas educativas como el kit de neurociencia desarrollado en la Región de Valparaíso.
Por qué cambió la investigación del cerebro
Con esta técnica se han podido mapear circuitos relacionados con el dolor, la sed, el apetito, el sueño, la atención, la recompensa y la conducta social. También se usa para estudiar cómo el sistema nervioso se comunica con órganos como el corazón y el intestino.
Sus resultados aportan conocimiento sobre depresión, ansiedad, esquizofrenia, enfermedad de Alzheimer y enfermedad de Parkinson. Esa capacidad de separar causas, conexiones y efectos es especialmente relevante cuando se analizan fenómenos complejos, como los cambios cerebrales asociados a condiciones ambientales y de salud que han sido abordados en investigaciones sobre envejecimiento cerebral.
Aplicaciones médicas: una etapa todavía temprana
La optogenética es, ante todo, una herramienta de investigación. Todavía no constituye un tratamiento habitual para enfermedades neurológicas. Existen ensayos clínicos en personas con retinitis pigmentosa, una enfermedad que daña las células sensibles a la luz de la retina. En uno de los estudios citados por el comité Nobel, un paciente recuperó parcialmente la capacidad de percibir objetos con ayuda de una proteína sensible a la luz y anteojos especiales.
También se investiga si el principio puede ayudar a crear implantes cocleares más precisos. Son líneas prometedoras, pero requieren más evidencia sobre seguridad y eficacia antes de llegar a la práctica clínica. El premio reconoce el conocimiento fundamental que las hizo posibles y refuerza la importancia de sostener la investigación científica en universidades y centros especializados.
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