La ausencia de casos de cáncer de mama en la familia no deja a una persona fuera de riesgo: los antecedentes clínicos revisados sitúan los casos hereditarios entre 5% y 10% del total.
El dato es relevante porque la creencia de que la enfermedad aparece principalmente por herencia puede retrasar controles o consultas. La edad, el estado hormonal y algunos hábitos también influyen en el riesgo individual.
Qué cambios requieren consulta
Un bulto nuevo en la mama o la axila, cambios en la piel, alteraciones del pezón, secreción que no sea leche o una modificación persistente de la forma deben ser evaluados por un equipo de salud.
Estos signos no confirman por sí solos un cáncer, pero tampoco deben resolverse mediante autodiagnóstico. La evaluación clínica define si corresponde una mamografía, ecografía u otro examen.
La mamografía puede detectar lesiones antes de que se palpen
La mamografía permite observar alteraciones pequeñas que todavía no son palpables. La edad de inicio y la periodicidad de los controles deben ajustarse a los antecedentes y a la indicación profesional, especialmente cuando existen factores de alto riesgo.
El autoexamen ayuda a conocer el propio cuerpo, pero no reemplaza los controles ni los estudios indicados por profesionales. Quienes tengan dudas pueden pedir orientación en su centro de salud y revisar el Plan Nacional de Cáncer.
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