El desarrollo de la electromovilidad ya no depende solamente de la cantidad de vehículos disponibles. Para que un auto eléctrico pueda utilizarse con tranquilidad entre ciudades, también se necesita una red de carga accesible, confiable y distribuida fuera de Santiago.
En junio de 2026, la Agencia de Sostenibilidad Energética abrió el concurso +Carga Rápida GEF 7 para apoyar infraestructura pública de recarga en 79 zonas urbanas del país. La convocatoria considera cofinanciamiento de hasta $30 millones o $20 millones por zona, según su clasificación. Se trata de proyectos por seleccionar y ejecutar, por lo que el anuncio no significa que esas estaciones ya estén operativas.
En el caso de la Ruta 68, un viaje entre Santiago, Casablanca y Valparaíso debe planificarse considerando la autonomía real del vehículo y no solo la cifra informada en condiciones ideales. La velocidad, la temperatura, el uso de climatización, la pendiente y la carga transportada pueden modificar el consumo.
Antes de salir, el conductor debería revisar la ubicación y el estado reportado de los cargadores, el tipo de conector, la potencia disponible y la forma de pago. También es recomendable mantener un margen de batería para enfrentar desvíos, congestión o una estación temporalmente ocupada.
La carga rápida puede recuperar una parte importante de la batería en menos tiempo que un punto domiciliario, pero su velocidad final depende tanto del cargador como de la capacidad de recepción del automóvil. No todos los modelos aprovechan la misma potencia y el proceso suele disminuir su velocidad cuando la batería se acerca a niveles altos.
Para Casablanca, una red regional más densa puede aportar conectividad turística y favorecer servicios asociados. Sin embargo, la conveniencia de un auto eléctrico sigue dependiendo del uso cotidiano, la posibilidad de cargar en el hogar o trabajo y el costo total de operación de cada familia.